Ironman 70.3 Lanzarote 2019

Si fuese de capaz de hacerlo, emplearía la poesía para resumir la prueba de ayer. No lo hago por desconocimiento. No lo haría por pedantería. Lo haría para dar al sufrimiento el estatus que merece como medio para lograr aquello que quieres. Salvo contadas excepciones, todo requiere tiempo y esfuerzo y si bien nos llenamos la boca pidiendo el esfuerzo ajeno, todos huimos del sufrimiento, el cual no creo que sea más que un esfuerzo constante y prolongado en el tiempo, es decir: tiempo + esfuerzo. Lo que pedimos. Sin saberlo.

A ese chico que toca tan bien el piano le han dolido los dedos hasta morir. A esa chica de El Lago de los Cisnes le han sangrado los pies, ha entrenado con dedos rotos. Seguro. Los Roland Garros de Nadal son a base de ampollas, dolores de espalda y silenciar el dolor de las rodillas… porque todo va acompañado de un esfuerzo que no se ve y que es superior al que a priori estamos dispuestos a soportar. Por eso, si pudiera, escribiría esto de la forma más poética posible con el único afán de dotar al esfuerzo máximo el mayor de los respetos posibles.

Ayer Lanzarote fue más Lanzarote que nunca. El viento hizo que se suspendiera la natación y la bici fue, sin duda, el rato más desagradable que he pasado en una competición. Quizá no llegaba en mi mejor momento de forma ni con la motivación suficiente para tolerar esos 90kms en esas condiciones. Puede que tampoco tenga las ganas ni la ilusión del principio, pero lo que tengo son carreras y sé donde me la juego. Y donde tener paciencia. Así que al mal viento, paciencia. Y si no, al tiempo.

Timanfaya, Femés, Montañas del Fuego, Tinajo, El Golfo… quien conoce la isla sabe de lo que hablo, de lo bonito y de lo duro que son esas carreteras infinitas. 90 kms, 990 metros de desnivel (casi todo en los 50 primeros kms) y viento. Mucho viento. Coño, que ya sé que yo me quejo, en general, mucho, pero lo de ayer fue demasiado. A más viento, más esfuerzo durante más tiempo, y más concentración o estás fuera.

“No swim, you win” Sabias palabras de mi entrenador (¿sabes que creamos equipo nuevo? espera, eso ahora no viene al caso, pero apúntatelo). Quizá solo fueron para motivarme porque cuando te preparas para algo, asumes lo que venga y que recorten la carrera, en parte, te descoloca. Pero ese “no swim, you win”, bromas a parte, hizo efecto.

Se mantienen los horarios. Se mantiene el viento. Mantengo las rutinas. Salimos en grupos de 10 por orden de dorsal. Y en vez de empezar a nadar, salimos derechos a coger la bici. Casi 3 horas y 90kms después, bajo a correr algo lejos del top 5 que estimo tendrá plaza para el Mundial, pero lo he dicho arriba, tengo algo de experiencia ya en esto de la media distancia y me he dejado puestos en la bici, pero no el alma. Bajo a correr el 14 en mi grupo de edad (por cierto, que decís solo que corro bien… pero tampoco soy manco en lo demás, no?)

4 vueltas de 5km y un desvío final de 1km. Eterno. Calor. Eso me separa de mi tercer mundial. Es lo único a lo que he venido. Mi temporada acabó (mentalmente) en Copenhague. Lo digo yo y lo dice mi gráfica de TrainingPeaks. Sigo entrenando pero el resultado es el mismo que un masaje con ropa: algo hace pero no mucho.

Primeros kms y ya he entendido cómo va a ser esta vez: calor, pocos avituallamientos y varios giros y cuestas feas. Sensación conocida.

Con la primera vuelta tengo la primera referencia: marcas mejor ritmo que los demás. Sigue así.

Empezamos la segunda vuelta. Bajo el ritmo porque no creo aguantar con tanto calor. Cada avituallamiento es la fiesta de las camisetas mojadas. Tengo un ejemplo a seguir: Daniela Ryf. Creo que la estoy superando. Soy capaz de echarme 4 vasos de agua por encima y beber uno en menos de 20 metros además de rechazar la Coca-Cola.  Un tío se me pega. Me dice que quiere que vayamos juntos. Me dura un avituallamiento y 200 metros más. A la guerra se viene solo.

Km 10 Las referencias son más reales. Vas en ritmo de slot. Estoy séptimo. Quedan 11 kms para pensar en Nueva Zelanda. No es mi mejor carrera aunque sí de las más inteligentes. No me obceco con el ritmo. Cada carrera es un mundo y un 4:10 el km hoy vale más que un 4:00 en otro sitio. Si yo estoy mal, que adelanto gente, el resto no quiero saber cómo van. Recojo la tercera pulsera al paso del km 15.

Última vuelta. “Estás sexto a un minuto treinta segundos del quinto. Dorsal setenta. Corre. Corre!!” Ese fue el mensaje y lo escribo letra por letra para que te puedas hacer a la idea de lo largo que puede ser un minuto y medio.  Qué cortos parecen ahora los 6 kms que faltan a meta. ¿Cómo quieres que recorte tanto en tan poco? Por inercia. O por Nueva Zelanda. O solo por orgullo aumento el ritmo. La diferencia entre Nadal y ese niño que le ganaba de críos y nunca llegó a nada, o entre la niña que representa hoy El Lago de los Cisnes, son las ganas de ganar. Así que corro más rápido que todos los parciales anteriores. Desvío a meta: 1 km. “Estás quinto pero corre que el sexto está cerca”. Entro en meta. Soy quinto. Soy mundialista por tercera vez en cuatro años.

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Check-in

Esto. Es. Esppppaña! Sí, con todas las pes bien dichas. Pega bien tus labios y grita “ppppaña!!!

Te preguntarás (haces bien) a qué viene tanto amor patrio. Tanto forofismo gratuito por el Reino de los Borbones. De gratis nada: 75 euros y una noche inquieto tienen la culpa. Te explico:

Tengo la manía de guardarme los domingos por la tarde para mi. Para hacer lo que me salga del tricornio (por seguir con el patriotismo) y para organizarme un poco la semana. En esto que recuerdo mi vuelo y decido llamar a Air Europa para informar, como he hecho durante los últimos tres años, que llevo una maleta de bici. Es la Thule, chatos. Marca sueca de reconocido prestigio. Bacas de coche, sillitas, racks de bicis y la puta maleta que seguro has visto cientos de veces en los aeropuertos. Con pegatinas de las carreras y sitios que has visitado.

Doy las medidas (de la maleta), las mías son secretas. Un peso aproximado. Hasta aquí todo normal. La señorita anota y se despide con un “vuelva a llamar en unos días para confirmar el equipaje” ¿Perdona? Nunca me han dicho eso. ¿Por qué debo llamar? Es domingo. Asocio el comentario al día. A que quien trabaja es la última en entrar. La becaria. La que hace el turno que nadie quiere. Porque el domingo es el mejor día de todos para todo, menos para trabajar. Cuelgo. Sigo a lo mío.

Martes. 48 horas después de la inocente conversación con Air Europa, mientras cierro mis cosas en la oficina y estoy a cinco minutos oficialmente de vacaciones, me asalta una frase “vuelva a llamar en unos días. Y llamo. Y está… “Cancelado”. Mi Thule, la que viaja por medio mundo con miles de ciclistas, la que fue de Lima a Chattanooga con 4 escalas, la que sobresalía del maletero de un taxi en Cartagena de Indias… es demasiado grande y no cabe en un Boeing 737. ¿Pero que me estás contando?

Omito la conversación entera y la resumo en que el ancho, de 39 cms debería ser de 25 cms. Y que por eso, no la puedo subir al avión. Asumo que no puedo sacar más jugo a esa conversación. Chao.

Ya en el autobús a casa, insisto. Vuelvo a llamar. Otra señorita me atiende muy agradable. Y me da una solución: tumbe la maleta y las medidas cambian. Así el ancho es menos. Reconozco que me pilla descolocado. No me lo esperaba. Tanto es así que pido que me lo explique, quizá el cambio de plano al poner la maleta en otra eje espacial la convierte en un nuevo ser y yo, sin enterarme. Me lo explica de buena gana pero el resultado es idéntico: no entra en el Boeing 737.

Empiezo a vislumbrar que mi viaje se va al carajo a 15 horas de empezar y le suplico una solución. He aquí su respuesta: usted vaya a hacer el check-in a ver qué le dicen. Clonck!! Es el sonido que hacen mis huevos cuando se me caen al suelo. ¿En serio esa solución me das?

Acabo por hacer lo que todos haríamos. Decido hacerme el tonto y como que no sé nada. Me planto con tiempo en el counter de Air Europa. Pregunto si puedo hacer el check-in de la bici mientras llega Esti. Es que la bici pesa mucho y quiero quitármela de encima. Si claro, señor. Le dejo el recibo pague en el mostrador de Atención al Cliente de Europa. Perdona, ¿podría meter antes la bici? Por supuesto. Bici facturada. Pago hecho y ahora sí, facturamos el resto del equipaje y podemos centrarnos en lo que viene: Ironman Lanzarote 70.3

No me explayo más. Gracias a Tribike Lanzarote por atender a mi llamada desesperada preguntando por una “cabra” de urgencia. Gracias a @Makim_training por la ayuda y Jordi_Gimenez_entrenador de @tkronotriatlon (me consta que moviste algo por Lanzarote)

KMD Ironman Copenhague 2019

A bocajarro, sin pelos en lengua, sin dobleces ni sentimientos edulcorados por el paso de los días y con el dolor de todo el cuerpo culpa de los 237,2 kms hechos hoy, las 7.971 kcal consumidas y las 19 horas que llevo despierto. Agárrate los machos que voy.

Lo primero. Las gracias (las buenas) se dan en privado, no con frases hechas y dulzonas hasta el empalago. Dadme unos días, lo haré (a quien corresponda) por el apoyo y confianza.

Siempre dije que no haría otro ironman si no era para intentar ir a Hawaii. Sufrir tanto (tanto) debía tener una recompensa grande (enorme). Y lo mejor de todo, es que aún así, por mucho que entrenes y lo prepares, es algo tan inabarcable, que nadie asegura nada y eso, lo de cumplir sueños digo, tiene su punto pero no cumplirlos, también es parte del juego y nadie nos enseña a fracasar, está mal visto pero más vale que lo aprendas porque al final, te irás con más sueños por cumplir que cumplidos.

El plan (como todos) es sencillo sobre el papel. Te lo resumo, para no liarte con tiempos, ritmos y transiciones: empezar a correr el maratón antes de llevar 6h 15min de carrera y luego correr en 3 horas.

Dinamarca tiene siete días de verano y parece que no son en agosto. No se espera frío pero si viento y lluvia. Nadamos en una “strand” que según el diccionario es una playa pero aquí es algo parecido, muy bonito el sitio eh, pero playa… Agua a 18,3 grados y salida de 6 en 6 (práctica ya habitual de la franquicia)

7:10am (carajo, que manía de salir tan pronto) dan la salida. Puente 1 a 600m llegar en 9min 15seg, llego en 10min. Qué? Cómo? Ya la he liado. 600 primeros metros de 226km y ya vamos con retraso. Segundo puente a 1.200 en unos 19min. Sigo con retraso pero menos. Giro a 1500m, me importa un huevo el tiempo, quiero el puente donde marca 1.800. Debería ser sobre los 29min y llego en 30 bajos. Joder! Sigo.

El agua es salada, agua clara (a ratos) y con algas (casi siempre). Supongo que es lo que tiene el mar. Puente de 2.400m en menos de 40min. Hasta el final a muerte para salir sobre la hora. Quedan dos boyas. Al final: 1h 02min, me vale. Transición estudiada al milímetro. Me quito el neopreno en un pis-pas! (No como en Fadura jaja) Cremallera de abajo a arriba (by Head) Brazos fuera, pierna uno fuera, pierna dos fuera. Listo todo en 3’20” Nos vale!

Empezamos la bici bien. Salida lenta de la ciudad. Giros, badenes, frena, arranca… km 10 y a volar. Quiero (queremos) hacer los 180km sobre las 5 horas pero siempre en menos de 5h10min. Una vuelta de 93km por medio Dinamarca: costa, campo, toboganes, algo de cuestas… un poco de todo. Tengo comida y bebida para las 3 primeras horas. Luego geles y agua de los avituallamientos. La idea es llegar con el estómago sin comida para correr bien, pero sabes qué? A veces todo se jode por muy ensayado y probado que esté. Algo no va todo lo bien que debería y el estómago lo noto raro. El ritmo en bici es el planeado: primeros 93km a 35,8 km/h de media. Solo quedan 77km.

La media baja algo. No voy fino pero voy. Paso mal rato hasta el km 110. Se me atraganta dar pedales, se me hace bola, pero aún así voy, porque cuando vienes a un ironman importan casi más los huevos y la capacidad de sufrir que lo bueno que seas. Eres bueno unos kms, pero lo de sufrir va del km 1 al 226.

Discuto por el (puto) drafting, como menos de lo planeado y entro en Copenhague en 5h. Giro, badén, para, arranca… 180km en 5h 04′. Transición en 3:47 (baño incluido) y salimos a correr en 6h 14min. Va (casi) todo como la seda.

Bebe agua, mójate y toma las sales y corre a 4:15-4:20 el km. El plan es bueno y razonable pero desde el km 10 lo sé imposible. En el 12 quiero irme a casa. Y en el 13 y… pero sigo (sobre todo) por orgullo porque en el fondo, lo que hacemos es egoísta: por y para nosotros mismos. Y sigo porque en el km 23 lo echo todo, tanto que cuando vuelvo a la carrera tengo sed. Necesito agua.

Espera. He pasado la mitad del maratón en 1h 32min. Es decir: sigo dentro aunque lo de sufrir ya pasa a nivel PRO y, aunque lo entrenemos, el ironman te lleva a un nivel del que solo se sale con experiencia, con el culo pelado de verte mal, de saberte mal, de querer irte y no hacerlo, no querer irte y tener que hacerlo, de… experiencia. No hay más.

Empieza a llover y sigo a lo mío. Bebo, me mojo, corro cada vez más lento y tal es el miedo de saber ritmo que opto por no mirarlo ni estimar tiempo final. Solo quiero dar una vuelta más, correr (avanzar) un km más y terminar cuanto antes. Km 30: quedan 12. Una hora a este ritmo. En otras circunstancias te digo que lo hago seguro, hoy te aseguro que es imposible.

Dejo ya de regodearme en mi mierda. Estás en tu justo derecho de decirme que me lo merezco por meterme en esto. Y tienes razón, que no tiene sentido, que no es fácil de entender, que no, que no y que no… pero te lo digo así, estos “noes” son tu problema. Yo tengo bastante con intentar hacer lo que quiero.

Acabo el maratón en 3h 15min con unos últimos kms muy malos, unas sensaciones peores y el único deseo de dejar de correr. Me voy jodido y herido en mi orgullo de corredor (no de triatleta) porque soy mejor que esto y sé que puedo hacerlo (mucho) mejor. En frío valoraré lo conseguido (sub 9h30min en Ironman) y lo aprendido en esto meses (que no es poco). Ahora, en caliente: pizza y helado. A vuestra salud!

    Natación 3.800m: 1h 02′ 02″
    Transición 1: 3’20”
    Bici 180kms: 5h 04′ 48″
    Transición 2: 3’47”
    Correr 42kms: 3h 15′ 31″
    Tiempo total: 9h 29′ 26″
    Puesto: 28/315
    Puesto General: 105/2568

Happy pills

Demasiado tiempo sin escribir. No voy a excusarme porque esta es mi casa y nadie pide perdón cuando regresa. Basta con abrir la nevera y hacer como si nunca te fuiste.

Vuelvo a buscar refugio porque lo que viene asusta. Y motiva. Pero sobre todo asusta. 

Nunca he creído en Kona, aunque es el principal motivo de ir a Copenhague. Hay batallas que se saben perdidas y uno solo busca saber de qué está hecho.
Nunca creí pero seguí. Nunca creí pero entendí el juego. Y jugué. Nunca creí. Hasta que creí. 
Porque quizá solo se trataba de eso, de verme en la línea de salida creyendo. 
Domingo 18/08/2019

Medio Maratón de Vitoria Martín Fiz

Dejé de escribir sobre los 21k por no saber describir bien esta distancia. Está a medio camino entre el reto del maratón y los populares 10k. No sé escribir más allá de lo que pienso o siento y la intensidad de esta prueba es tal, que apenas puedo pensar en nada y lo que siento normalmente es haberme apuntado. Aún así, adoro esta prueba.

Domingo. Sol. Mayo. Vitoria. Imposible fallar. Preparo un plan de carrera (véase abajo) porque estoy bien, me siento fuerte. Estoy a pocas semanas de mi primer objetivo del año y quiero bajar mi PR. No altero mi entrenamiento normal pese a la prueba. No descanso el día previo. Sí modifico algo la comida. Varios cafés, algún gel de buena mañana y un desayuno más abundante de lo habitual. Remolacha y patata también son parte del menú del fin de semana. @nutriglesias y @makim_training me tienen a ralla (es una forma de decir que estoy más ligero que otros años)

Plan de carrera

km Plan
5 17:46
10 35:33
15 53:19:00
20 1:11:06

De los 21k corro uno con Don Martin Fiz (a 3:08), varios con el podio de los 10k y otros dos más con los dos líderes del maratón (km 16 y 17). El resto en soledad. Todo esfuerzo para ser sexto y mantener la buena costumbre de ser top 10. Todo para bajar en casi un minuto mi marca personal. Todo para seguir mi camino a la conquista de Dinamarca. Todo para llegar a mi tercer mundial 70.3 (Niza). O Hawaii. O las dos. O ninguna. Pero que nadie me diga que no lo intenté. Que no lo disfruté.

Plan vs. Realidad

km Plan Real
5 17:46 17:29
10 5:33 35:07:00
15 53:19:00 52:50:00
20 1:11:06 1:10:51

Puesto final: 6º

Tiempo final: 1h 15min 08seg

Ritmo medio: 3min 33seg el km

Black Marlin by HEAD

Si quieres saber las características del neopreno de HEAD, aquí te dejo el link. Ni soy experto en ingeniería de materiales (de hecho no soy experto en nada), ni quiero copiar lo que otros (los que saben) dicen. Yo voy a la sensación del triatleta: a lo que piensas cuando te lo pones, cuando de lo quitas, y sobre todo: cuando nadas.
 
Muy flexible
Es lo primero que piensas. De hecho, lo compartes con tus compañeros. Coño! has visto qué flexible es!! El riesgo de esto es que todos preguntan: de cuántos milímetros es? que vayas a las web!!
Ey! ¿dónde está la cremallera? 
Esto solo lo pensarás si hasta ahora tu cremallera cerraba de abajo-arriba. El BLACK MARLIN se cierra de arriba-abajo lo que te asegura que harás muchas amistades en las carreras pidiendo que te ayuden a cerrarlo. O quizá solo es mi falta de costumbre.
Anda, esto debe ser eso de flotar
Los que venimos de deportes no acuáticos, tenemos menos flotabilidad que el resto de triatletas. Se nota quien es nadador hasta en los vestuarios. Con el BLACK MARLIN se seguirá notando, pero menos: flotas. Y eso corrige tu postura, y con eso nadas mejor, y te cansas menos. Y si te cansas menos, compites mejor.
Ey! ¿dónde está la cremallera? 
Abajo!!! Te lo digo porque vas a salir del agua después de tus 15x200m o de tu test VCN o de la travesía de tu pueblo al del vecino y no vas a encontrar la cremallera. Con los brazos pesados y sin mucho oxígeno en el cerebro, no vas a estar para mucho experimento. Acuérdate bien: te lo quitas de abajo-arriba.
Recuerda: Black is the new black.

Maratón de Valencia 2018

Desde el Mundial de septiembre he dedicado dos meses y medio a intentar cruzar la meta del maratón de Valencia en 2 horas 39 minutos y 59 segundos. Este era mi último objetivo de la temporada y serviría para empezar la preparación de mi vuelta al ironman en 2019. Más de 49 mil metros nadados, 25 horas de rodillo y 584 kms de carrera han sido parte del plan. Setenta y seis horas de entrenamiento en once semanas para romperme en la hora 75 y 59 minutos. No exagero, así fue. El miércoles de la última semana, en un entrenamiento cuyo objetivo era mantenerme activo (una hora corriendo a ritmo constante pero suave) se me rompió, literalmente, el culo cuando faltaban 90 segundos para completar el entrenamiento.
Cuatro horas de fisio (una vez más, gracias @kusalabilbao), compex, estiramientos, pelota de tenis, cremas y parches de calor. Y pastillas. Quienes han estado conmigo son conscientes de lo que he hecho por intentar recuperar una lesión que solo requiere tiempo y descanso. Lo único que no tenía. Aún así, con el viaje ya organizado, decido ir a Valencia.
Es la primera vez que estoy esperando que den la salida sabiendo que nunca llegaré a meta. La única duda es el momento en que diré basta. Entonces, ¿por qué intentarlo?
Correr es parte de lo que soy. Detrás de cada entrenamiento hay un montón de información que no se sabe: ritmos, objetivos, pulsaciones, suplementos, momento de la temporada, viajes, descanso… cada km forma parte de un plan y todo tiene un sentido. No se trata de ponerte las zapatillas y echar a correr sin más.
Quizá suene estúpido pero la decisión de correr es una forma de mostrar respeto al maratón. Salto al ring hasta que el me gane, pero no me retiro sin intentarlo. Obvio que corro con dolor y con cierto miedo a romperme del todo, pero aún así planto cara. Saco varios kilómetros por debajo de 3:50 minutos el km e incluso me tomo un gel a los 30 minutos. ¿Por qué? Es probable que en el fondo, muy en el fondo, tenga la esperanza de que la adrenalina y mis pelotas hagan desaparecer el dolor y pueda llegar hasta el km 21. Y si llego, pensaré en ir hasta el 30. Y entonces, ¿por qué no acabar si solo faltan 12?
Pero seamos realistas. Si un maratón es largo en plenas condiciones, como estoy es imposible. Lo asumo en el km 13 cuando el ritmo ya cae y no puedo hacer nada por recuperarlo. Cincuenta y un minutos y asumo que es momento de hacerme a un lado. Camino entre los corredores y el público que no para de aplaudir y animar. Por unos kms formo parte de una especie única, no soy corredor pero tampoco un espectador más. No abandono del todo por si Rami, Aritz, Mikel o Kike necesitan algo. Vienen detrás de mi y decido andar hasta que los veo. Solo me cruzo con Kike. Le doy mis geles y me retiro sabiendo que hice mis deberes, que tengo el ritmo asimilado y las ganas de volver a intentarlo.
Punto y final a una temporada llena de reencuentros, gente nueva y gente buena y, sobre todo, divertida. Toca descansar cuerpo y mente. 2019 es año ironman y me muero de ganas por empezar. Diez años después de empezar en esto asumo el reto de Kona. Vete sacando el billete 😉